B de Bis – Agorafobia – (sobre)vivir con ella [parte II]

¡Hola, mundo!

Hoy vengo con el segundo día del desafío Días de Abecedario. Uso la B para repetir el tema anterior, ya que se hizo largo y no quería que se extendiera tanto el texto.

Con la ‘A de Agorafobia’ les conté un poco acerca una etapa previa a la agorafobia que, en realidad, está relacionada… todo es ANSIEDAD. Ansiedad que en el año 2008 (en el 2006 me había dado el alta la psiquiatra de la publicación anterior) se manifestó de otro modo.

Algo que me olvidé de aclarar en la publicación anterior es que nunca tuve miedo de morir, nunca pensé que me iba a morir teniendo esas crisis de pánico. Es como que siempre fui consciente (y lo soy, hace años que no me pasa, pero supongo que si me ocurre seguiría siendo consciente) de que sólo tenía que volver a respirar y ya.

Volviendo a la agorafobia…

Primeros días

En abril de 2008 empecé a descomponerme viajando en micro (sí, soy platense, y como saben les decimos micro al colectivo de línea) hacia la facultad. Generalmente me pasaba unas cuadras antes de bajarme. Y, encima, cuando me bajaba tenía que caminar unas 12 cuadras. Los primeros días llegué como pude a la facu (y una vez ahí se me pasaba la descompostura – bah, no recuerdo haberme ido ni haber sufrido estando en clase, así que supongo que se me pasaba). Hasta que un día no llegué, y me metí en un quiosco a pedir ayuda.

Sinceramente, no me acuerdo con claridad de ese día. Recuerdo pedirle al quiosquero que me preste el baño entre lágrimas. Creo que llamé por teléfono a una amiga/compañera de facultad (M.) y después fui para la facu. No sé si se me están mezclando los días, pero creo que fui a la facu, le avisé a M. que estaba en el baño, ella salió de la clase y fue a buscarme (y si no fue ese día, fue otro, pero M. fue al rescate en algún momento :P).

Desde entonces, cada día que salía de mi casa, me pasaba esto de sentirme mal. De hecho, estuve un mes en mi casa, en pijamas (en comparación con otros, un mes es re poco tiempo, pero de todas formas es un horror vivir así durante una semana, un mes o el tiempo que sea).

Los síntomas

¿Cuáles eran mis síntomas? Los primeros meses tenía dos: náuseas y (acá es donde empiezo a perder la dignidad (?)) ganas de ir al baño, el “número dos”, YA –nada de empezar con dolores de panza, o cosas similares, era YA, ahora. Para combatir las náuseas comía caramelos y pastillas (de miel o de cualquier otro sabor – que obviamente hoy en día no las puedo ni ver). Todo el tiempo, uno tras otro, porque apenas se me terminaba una pastilla o caramelo ya me daban náuseas de vuelta. Después de dos o tres meses, sólo quedaron las ganas de ir al baño.

Durante un pequeño tiempo tuve una especie de anorexia nerviosa. No podía comer, y si comía, comía muy poco y me daba náuseas. Bajé sólo cinco o 7 siete kilos, pero al tener una contextura pequeña esos pocos kilos que me faltaban parecían veinte, no cinco.

Tratamiento

Resulta que M. había tenido problemas similares y me recomendó una psiquiatra (para todo esto, para mí estaba más que claro que eran problemas de ansiedad/pánico). Y fui a ver a Evangelina. No sé cuánto tiempo fui en total a sus sesiones, pero al principio iba una vez por semana. Me acuerdo que iba los miércoles. Un miércoles hacía terapia, surgía algún tema y al otro miércoles lo tenía solucionado. Me di cuenta de que tenía una mochila muy pesada cargada de pensamientos y sentimientos, que creía que no me importaban. Así que, cada semana resolvía algo y me sacaba un peso de encima. Mi problema mayor es que re-contra-archi-hiper-mega pienso y analizo las cosas. Capaz que es una estupidez pero lo analizo igual, y ahí es cuando mi cerebro explota y mi cuerpo se manifiesta.

Como toda psiquiatra, me recetó medicamentos. Primero tomaba calmantes y antidepresivos (parece que no podía encontrar un punto medio con mis emociones, tenía que tomar algo para ‘levantar’, pero al mismo tiempo algo para ‘bajar’), después sólo calmantes y con menos frecuencia.

Obviamente, empecé a mejorar en el sentido emocional al deshacerme de ciertas cosas, así que después iba cada quince días, y después una vez al mes. Pero los síntomas seguían. Así que, por más que me haya dado el alta, seguía tomando calmantes (quizá no todos los días, sino cada vez que tenía que salir de mi casa) y le avisaba cuando se me terminaban, para que me recetara más (por suerte, nunca fui dependiente de ningún tipo de medicación, jamás abusé de ni me sobrepasé con el consumo de fármacos. De hecho, cuanto más lejos estén de mí, mejor. Desde chica, eh! Ni siquiera jarabe quería tomar… mis viejos me lo daban con un embudo, jajaja. Me tapaban la nariz, me ponían el embudo en la boca y mandaban el jarabe [dignidad, ¿a dónde te fuiste que estoy contando esto?]. Y las pastillas me las picaban. Hoy en día estoy como cinco minutos para tomar un ibuprofeno).

A los cuatro o cinco meses de que me diera el alta tuve una recaída. De hecho, mis recaídas o peores momentos eran al principio del año facultativo. Marzo, abril era cuando me ponía más ansiosa, por ende cuando más se manifestaba mi cuerpo. Pero Evangelina, cuando la llamé, me dijo ‘si volvés sería sólo para medicarte, porque por el lado de la terapia no sé si vamos a avanzar. Volvés y te medico o te puedo derivar a una psicóloga’. Los calmantes ya los tenía para cada vez que los necesitaba, ¿por qué no probar con algo nuevo, con una persona nueva?

Y ahí conocí a Karina. Ya ni sé en qué año fue (realmente tengo lagunas, muchas cosas se borraron de mi mente o son confusas), quizá 2011. Terapia una vez por semana al principio, después cada quince días, y después una vez al mes… como ocurre siempre cuando uno va mejorando y evolucionando. Tenía días buenos, días malos y días terribles. Pero ya empezaba a tomar con menos frecuencia los calmantes, y empezaba a hacer algunas cosas que había dejado de hacer. Karina usaba la terapia oral, pero también artística: dibujos, carteles, papeles, pinturas, muñecos, telas… todo era válido durante la sesión. Distintas maneras de expresión, ¿no? También probé durante un tiempo con gotas de Bach (gotas naturales) que prepara una psicóloga conocida de Karina.

Mejoré muchísimo, pero seguían los síntomas. No tan seguido, obvio, pero ahí estaban.

Vale aclarar que con todos esos años de terapia jamás llegué a encontrar cuál fue el detonante de todo. Generalmente hay un punto en el que el cerebro y el cuerpo explotan y por eso comienzan los síntomas. Por ejemplo, en el episodio de Los Simpsons, Marge comienza a tener agorafobia porque le roban estando en la calle. A mí nunca me pasó nada de eso, así que nunca pude ‘atacar’ al problema directamente.

Cuestión, que un día en una presentación de danzas, estábamos hablando con las chicas y sale el tema. Y una de ellas, J., me cuenta que unos parientes habían tenido algo similar y que se habían atendido con un psiquiatra de mi pueblo (es raro decirle pueblo, porque no es un pueblo ya… pero tampoco es una ciudad). Hablé con Karina, me dio el visto bueno y fui a ver a Damián. Iba a los dos, nunca dejé de ir a uno por ir con el otro. Damián tampoco me dejó que abandone las sesiones de Karina, porque siempre es mejor combinar terapia con medicación. Así que, durante un año y medio más o menos, Damián me trató con una medicación que no había tomado nunca. Y ahí es donde empecé a ver los cambios más grandes y a tener algo similar a lo que es una vida ‘normal’. Ya no tomo medicación y los calmantes ya casi ni los necesito –ya no los tomo para salir a la calle, antes los tomaba antes de ir a rendir algún parcial o final de la facu, pero ya no.

Termino acá, porque se hizo súper extenso, así que voy a usar la C para la tercera y última parte de este tema: C de Cambios y avances.

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6 comentarios en “B de Bis – Agorafobia – (sobre)vivir con ella [parte II]

  1. Pingback: C de Cambios y avances – Agorafobia – (sobre)vivir con ella [parte III] | Lela, col fue!

  2. Pingback: A de Agorafobia – (sobre)vivir con ella [parte I] | Lela, col fue!

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