L de Libros

Como no podía ser de otra manera, la L tratará de Libros, una de las cosas más lindas que hay en el mundo. En realidad voy a enfocarme en mis comienzos con la lectura más que nada.

Desde pequeña mi madre nos leía cuentos a mí y a mi hermano. Todas las noches, antes de dormir, nos juntábamos en mi habitación o en la de mi hermano y leíamos en la cama. Al principio leía ella, claro, nosotros no sabíamos leer. A medida que fuimos aprendiendo, nos íbamos turnando y leíamos entre los tres.

Yo aprendí a leer con un libro cuya protagonista principal se llamaba Anita (no recuerdo el título del libro). Me acuerdo que dicho nombre era la primer palabra del cuento y que me costó leerla. Pero según mi mamá, eso fue lo único que me costó, porque después de leer ‘Anita’ leí, básicamente, todo el cuento de corrido.

Mi papá, cuando iba a trabajar, nos compraba todas las semanas (creo que salían semanalmente) las revistas Billiken y Anteojito (que las usamos más que a los manuales escolares para sacar información y hacer nuestras tareas), que cada tanto publicaba material y libros para armar bibliotecas y una de ellas era de cuentos infantiles.

Otro libro que leímos juntos también, pero éste creo que lo leíamos en la cama de mis padres (bah, tengo el recuerdo de estar en la cama grande leyéndolo, capaz que fue solo ese día y a mí me quedó grabado), es Robotobor (de Marco Denevi).

Uno de los primeros libros que leí sola fue Annie (de Thomas Meehan), el de la chica huérfana. El primer regalo que le hizo mi mamá a mi tía L. (hermana menor de mi papá que nombre en H de Hospital) fue ese libro. Y mi tía me lo prestó a mí para que lo leyera. Hace unas semanas la fui a visitar y mi prima Mica (la hija de L.) me mostró el libro (porque habían ido a ver la película que se estrenó esta temporada)… ¡el olor a libro viejo!, ¡qué placer! Además de la nostalgia de la infancia.

También leí “Ami, el niño de las estrellas” y “Ami regresa” (de Enrique Barrios). No tengo ni el más mínimo recuerdo de qué tratan estos libros, pero sé que los leí y que los tengo (o teníamos hasta hace poco) por ahí, dando vueltas en la casa de mis padres.

Los libros que nos hacen leer en la escuela muchas veces no nos gustan (a mí me gustaron casi todos igual jajaja), pero tuve maestras que nos daban a elegir un libro de una lista, entonces después podías intercambiar con otros compañeros. Creo que me pasó eso con “Raros peinados” (de Carlos Rodrigues Gesualdi) que lo elegí de la lista y me encantó (lo tengo y quiero releer). Y después hice intercambio con alguien (creo que mi mejor amiga R. que en ese entonces no éramos TAN amigas) y leí “No somos irrompibles” (de Elsa Bornemann – acabo de descargarme el pdf para releerlo). “Queridos monstruos” (también de Bornemann) me lo regaló mi maestra de sexto grado, Silvina, con una dedicatoria y todo (todos teníamos que llevar un libro que tuviéramos en casa para armar una biblioteca en el aula, de la que podías llevarte uno para leer y luego devolver… resulta que el mío mágicamente desapareció –ahora que lo pienso, no sé si era el de “Ami”-, así que la ‘seño’ 😛 me regaló ese).

El primer libro con el que lloré fue “Los ojos del perro siberiano” (de Antonio Santa Ana), un libro muy corto (menos de 200 páginas) que también elegí de la lista que nos dio una profesora.

Obviamente, leí cientos de libros en mi vida que no voy a nombrar, claro. Y hay otros miles que me quedan por leer. Mi mamá se compra libros que después leo. Yo me compro libros que después lee mi mamá. Sigo comprando libros por más que tenga 20 sin leer de los últimos que adquirí y otros tanto que quiero releer (para recordarlos o para leerlos en otra instancia de mi vida, con otros ojos… como La metamorfosis”, que me lo hicieron leer en la escuela y me pareció espantoso, pero estoy segura de que cuando lo vuelva a leer voy a tener otra opinión o, por lo menos, voy a hacer otro análisis).

No entiendo a la gente que no lee. O sea, a los que no les gusta leer. Es vivir otras vidas, otros mundos, otras historias, en otras ciudades del mundo, conocer culturas ajenas a la nuestra. Ponerse en la piel de los personajes, hacerse amigo de los protagonistas, odiar a los antagonistas. Terminar un capítulo y quedarse pensando en qué va a pasar. No querer que termine una historia.

Para terminar con esta publicación de Días de Abecedario, me despido con un fragmento de “No somos irrompibles”:

Los cristales pueden quebrarse.
A veces, basta un leve golpe de abanico.
Las telas suelen desgarrarse al contacto de una diminuta astilla.
Se rasgan los papeles…
Se rompen los plásticos…
Se rajan las maderas…
Hasta las paredes se agrietan, tan firmes y sólidas como parecen.
¿Y nosotros?
Ah… Nosotros tampoco somos irrompibles.
Nuestros huesos corren el riesgo de fracturarse, nuestra piel puede herirse…
También nuestro corazón aunque siga funcionando como un reloj suizo y el médico nos asegure que estamos sanos
¡CUIDADO! ¡FRÁGIL! El corazón se daña muy fácilmente.

Las imágenes son ilustrativas y fueron sacadas de Google (pero son los mismos ejemplares que tuve y/o tengo).

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4 comentarios en “L de Libros

  1. Que lindo leer!! Yo tmb era una de las q le gustaban los libros de la escuela, es mas tenemos una anécdota en mi familia q todos pidieron chiches para una fiesta yyo pedí un libro, pero amo las novelas o las obras de teatro. Ame “como agua para chocolate” ay! Como sufrí cuando le nació el hijito mulato (? Jajaj
    Seguí así q tenes una fan! (Voy a llorar como el de wanda jajajaj)

    Me gusta

  2. Pingback: T de Tatuaje | Lela, col fue!

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