Me recibí

El jueves pasado (3 de diciembre de 2015), después de 9 largos años terminé la bendita carrera y tengo un título (todavía no lo tengo, pero el año que viene lo tendré oficialmente) que ni siquiera sé si voy a usar en mi vida.

Lo conté en alguna de las publicaciones que escribí sobre Agorafobia y en la U de Universidad de los Días de Abecedario: a mediados del segundo año de facultad (y a raíz de la misma agorafobia) había dejado la facultad por no poder ir por mis propios medios y además la ‘enfermedad’ había abierto la puerta de una crisis grande tanto en lo emocional y en lo profesional/educacional. La puerta de la crisis profesional/educacional sigue abierta, nunca se cerró.

Mi vida universitaria fue poco convencional desde ese segundo año: retomar la carrera al año siguiente, sin ir a cursar, estudiando desde mi casa y yendo a rendir los parciales y finales. Básicamente (y exageradamente hablando) nunca fui a la facultad, no tengo apego ni sentimientos por la facultad, por su gente, por su edificio ni por nada del mundo universitario, no tengo amigos de estudios. Los profesores no me conocen la cara, mis compañeros de materias tampoco… yo tampoco les conozco ni las caras ni los nombres a ellos.

Así como mis años universitarios fueron no-convencionales, mi último final (y la semana previa) también lo fue.

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