Me recibí

El jueves pasado (3 de diciembre de 2015), después de 9 largos años terminé la bendita carrera y tengo un título (todavía no lo tengo, pero el año que viene lo tendré oficialmente) que ni siquiera sé si voy a usar en mi vida.

Lo conté en alguna de las publicaciones que escribí sobre Agorafobia y en la U de Universidad de los Días de Abecedario: a mediados del segundo año de facultad (y a raíz de la misma agorafobia) había dejado la facultad por no poder ir por mis propios medios y además la ‘enfermedad’ había abierto la puerta de una crisis grande tanto en lo emocional y en lo profesional/educacional. La puerta de la crisis profesional/educacional sigue abierta, nunca se cerró.

Mi vida universitaria fue poco convencional desde ese segundo año: retomar la carrera al año siguiente, sin ir a cursar, estudiando desde mi casa y yendo a rendir los parciales y finales. Básicamente (y exageradamente hablando) nunca fui a la facultad, no tengo apego ni sentimientos por la facultad, por su gente, por su edificio ni por nada del mundo universitario, no tengo amigos de estudios. Los profesores no me conocen la cara, mis compañeros de materias tampoco… yo tampoco les conozco ni las caras ni los nombres a ellos.

Así como mis años universitarios fueron no-convencionales, mi último final (y la semana previa) también lo fue.

Tomé coraje y me anoté al examen, así que tenía que ponerme las pilas: bajo presión uno funciona mejor (?) y teniendo una fecha límite, tenía que sentarme a estudiar varias horas por día… no como hacía antes, que estudiaba 15 minutos y boludeaba el resto del día.

Rendía un jueves, pero los 6 días anteriores fueron un caos absoluto.

Cuando estudio no puedo hacer otra cosa, siento que pierdo el tiempo haciendo otra cosa si no es estudiar (aunque capaz que no estudie mucho después ajajaj) y resulta que el fin de semana anterior había una fiesta en el club del barrio. El viernes tuve que ir a colaborar con algo de los preparativos, y el sábado fue la fiesta. Me acosté cerca de las 5 de la madrugada, y cuando tengo algún evento y me acuesto tarde, al otro día soy un zombie hermoso, con dolor de cabeza y poco funcionamiento mental. Así que el domingo fui eso, un zombie descerebrado.

Ese mismo domingo, no sé porqué, la llamé a mi mamá y resulta que estaba en el hospital con el marido de mi abuela que no se sentía bien. Después de almorzar fuimos (con mi novio) a lo de mi abuela un rato ya que estaba sola porque mis viejos seguían en el hospital con Canela (apellido del marido de mi abu y apodo por el que se lo conoce). Como habían pasado varias horas y mi abuela ya estaba impaciente, la llamé a mi vieja para averiguar: neumonía e internación. A mi abuela le agarró una locura atómica, empezó a armar un bolsito con ropa para él y otro para ella, me dio pan casero y torta que había hecho, porque nadie los iba a comer porque ella iba a ir al hospital a pasar las noches con Canela. No había forma de hacerla entrar en razón, no entiende que tiene 89 años y que un hospital es una fuente de virus y enfermedades para una persona tan mayor, además tenía que dormir en una silla. Como no registraba lo que yo le decía y como me tenía que ir a seguir estudiando, llamé a otros familiares para que vengan a hacerle compañía hasta que llegara mi viejo a buscar la ropa para Canela. Yo sabía que cuando viniera mi papá o mis tíos, el ambiente iba a ser de discusión porque la vieja es terca y todos le iban a decir lo mismo: ‘no podés pasar la noche en el hospital, nos vamos a quedar nosotros, nos turnamos‘. Llegaron mi tíos, así que me fui y los dejé peleando a ellos. Justo llegaba mi viejo. Nos salvamos del desastre (?) ajjaja.

El lunes fue bastante normal, sólo vino mi cuñado a dormir a casa y a ordenar sus cosas para llevarselas (desde hacía unos 2 meses tenía sus cosas en mi casa: ropa, muebles, electrodomésticos, vajilla, etc, etc, etc por motivos de mudanza y búsqueda de departamento que nunca se concretaron).

El martes era la entrega del título de Agus, mi novio, y después nos juntábamos a cenar con su familia.

El miércoles se recibió mi hermano (y su novia 😛 ). Cuando me vino a buscar mi papá para ir a la recibida de Ger (mi mamá se la perdió por estar en el hospital), pasamos por la casa de mi abuela y la vemos en una situación extraña. Me bajo, le pregunto que le pasa y a los gritos y llorando y me dice que se quedó afuera de la casa, y que estaba desde hacía una hora ahí afuera (quizá era una exageración y estaba desde hacía 5 minutos). Estaba encerrada en el jardín de adelante: el portón estaba cerrado con llave y la puerta de la casa se le había cerrado con el viento y las llaves le habían quedado adentro. Ella estaba tratando de separar las hojas del portón con un palo, para poder ir a lo de mi mamá que vive a dos cuadras para buscar la copia de la llave. Traté de tranquilizarla, lo mandé a mi papá a buscar la llave, pero ella tras que es sorda (cuando quiere) y estaba nerviosa no me escuchaba ni entendía que mi viejo había ido a buscar la llave. Fue a la puerta de la casa y empezó a meter otro palo por la cerradura, yo como una loca gritándole que deje de hacer eso porque si rompía la cerradura no íbamos a poder entrar. Para todo esto, mi abuela es bastante exagerada y artista, parecía que se iba a desmayar… obviamente me puse algo mal y nerviosa (encima ya me había tomado un par de dosis de rivotril, de la ansiedad que tenía por rendir al otro día). Llegó mi papá con la llave, abrió, la cagamos a pedo por no haber salido con la llave, nos dijo que no estaba bien, que más temprano se había desmayado (?) -esto después no se lo dijo a nadie más, mandó fruta me parece-, que llamemos a mi tío para decirle que no la pase a buscar para ir al hospital porque no estaba bien y etc. Mi hermano ya había salido de rendir, y nosotros estábamos ahí todavía. Llamamos a mi tía (vinieron de España mis tíos y están hospedados en lo de mi mamá), que tiene neumonía también, para que la cuidara un rato, ya que nosotros queríamos ir a la recibida de mi hermano. Llegamos tarde, obvio, pero le hicimos la huevada igual (por suerte sus amigos de la escuela llegaron al mismo tiempo que nosotros).

El jueves me recibía yo y como dije más arriba, mi último examen final fue poco común, totalmente anormal, tal y como lo fueron los últimos 8 años de la carrera. Llegué a la facultad con mi mamá y mi novio. No había un aula asignada, tenía que golpear una puerta y preguntar. Lo hago y me dicen ‘no, el examen es mañana me parece, la profesora reservó el aula para mañana y ahora está dando clases‘. Casi me muero. Le digo ‘no puede ser, cuando me inscribí decía que era el 3 de diciembre, hoy es 3, ¿no? Por favor, me descompongo acá nomás‘… por dios, les dije eso… ajajja. Justo estaba otro profesor de la misma materia y me dijo ‘si Alejandra no te toma hoy, te lo puedo tomar yo… si te vas a descomponer en serio‘ (se ve que tenía terrible cara de pánico – obviamente, entre el miércoles y la mañana del jueves había tomado rivotril a morir y una pastilla para NO ir al baño). Van a buscar a la profesora, me dice que mandó un mail a principios de la semana diciendo que el final era el viernes 4 a las 8.30am. Nunca vi ese mail, que obviamente existía, pero que mi teléfono nunca me avisó (de hecho, tenía como 5 mails nuevos) o nunca le presté atención a la notificación. Acepto la oferta del profesor y entro a rendir. Le digo que con ese examen me recibo para que me lo corrija en el momento. Era un sólo ejercicio práctico (yo quería que me tomaran teoría, jajaja, pero ese no era el examen real… seguramente si hubiese rendido el viernes me hubiese ido mucho mejor) y fue un desastre. Lo hice, lo entregué, me llamó para que arregle algo. No me daba cuenta cómo arreglarlo, escribí algo, después me di cuenta que era de otra forma, lo hice, lo entregué y me llamó de nuevo. ¡Había hecho cualquier cosa! Lo arreglé de nuevo, pero para todo esto yo ya estaba MAL, me quería ir, las lágrimas me brotaban, los nervios y el estrés me sobrepasaban. No quería estar más ahí. Lo entregué de nuevo. Si me decía que tenía algo mal de nuevo le iba a decir que ya fue, que me desapruebe, que lo rendía en otra mesa y listo. Al rato sale y me dice ‘bueno, ya está, no la vamos a hacer más larga si con esto te recibís… te pondré un 4 o un 5, no sé todavía, y no sé cuándo podré subirte la nota, porque mañana tienen que rendir los demás. Felicitaciones‘. Salí llorando. Mi vieja pensó que me habían bochado, pero era del estrés que había pasado. Y seguí llorando, no podía parar, era lo único que me salía hacer. ‘Ay, Daniela, no parece que te hayas recibido, pará de llorar‘ me decía mi mamá, jajaja.

Le había dicho a mis familiares y amigos que no fueran a esperarme a la salida del examen porque no sabía si me iban a dar la nota en el momento y porque no quería ir con más presiones y nervios de los que ya tenía. Así que, si aprobaba, les iba a avisar para que fueran a mi casa a la tarde (el examen fue a la mañana) a hacerme la huevada… y así fue. Se largó a llover y bajo una llovizna hermosa me tiraron de todo.

Para colmo, Canela fue la persona que más tuve ganas de asesinar durante esos 9 años de carrera, porque siempre me preguntaba (me cuestionaba y lo decía de una forma brutal) cuándo pensaba recibirme, que ya hacía muchos años que estaba estudiando, que mi hermano se iba a recibir antes que yo (de hecho, así fue, un día antes se recibió e hizo una carrera de 5 años en 7 y ya trabaja de eso), etc, etc, etc… y una vez que me recibo, el viejo está internado y se lo pierde! (a mi hermano también lo trastornó un poco con ese tema también)

Y la bronca y tristeza de que mis viejos no hayan podido disfrutar de las recibidas de sus hijos. Mi mamá no fue a la de mi hermano, mi papá no fue a la mía (a mi huevada fue mi hermano nada más).

Al otro día, viernes, tenía la cena de cierre de año del curso de portugués… me sentía fatal (cansancio + manifestaciones físicas post-estrés) pero fui y aguanté hasta la entrega de diplomas.

Y al otro día, sábado, salíamos de viaje a Junín con mi novio y cuñados, a las 7am. Por suerte en Junín descansé (porque los últimos 3 días habían sido terribles y no había descansado) y volví relajada totalmente.

Así que, nada, soy APU (Analista Programador Universitario)… ¡por fin!

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