Viajar en avión con trastornos de ansiedad

Este último tiempo me encontré con varias personas que tenían/tienen que viajar en avión y a quienes la ansiedad los estaba acorralando. Gente con y sin trastornos de ansiedad, gente que viaja por primera vez, gente que viaja sola, gente que viaja por primera vez y sola, etc.

Di consejos por whatsapp, por grupos de facebook y por mensajes privados en facebook. Por supuesto que todo fue desde mis experiencias y según los métodos, técnicas y tips que uso yo para viajar en avión padeciendo agorafobia.

Comencé con agorafobia en el año 2008, sin embargo nunca dejé de viajar. Creo que es lo que más me gusta hacer y ahí sí que no hay forma de negociar… en casa no me voy a quedar cuando se trata de viajar (aunque me muero de nervios y ansiedad… en los momentos previos al viaje sobre todo).

Si hablamos de aviones, he hecho los siguientes viajes (desde la agorafobia, claro):

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T de Tatuaje

Como dije en algunas de las publicaciones sobre agorafobia, fui adoptando algunas técnicas para tolerar el síntoma y tratar de superarlo.

Ir al baño antes de salir, llevar música cuando voy sola (en el ipod tengo una lista llamada ‘antipánico’ 😛 con música movida que me dan ganas de bailar, entonces, al escucharla ‘bailo mentalmente’ y cambia todo jajaja), hablar por teléfono (esto lo hago cuando veo que no funciona nada de lo anterior, entonces para calmarme un poco y volver a tomar el control llamo a alguien que empieza con ‘ma’ y termina con ‘má’ 😛 ajajja o a Agus, si es que no está trabajando), alguna que otra vez apliqué algunas técnicas de meditación que aprendí en clases de yoga y en internet :B y un tatuaje.

Con el tatuaje la idea fue tener un recordatorio que vaya conmigo siempre. No me servía mucho tener un papel, por ejemplo, porque si me lo olvidaba en mi casa o en otra cartera, no lo iba a tener en el momento en que lo necesitase.

También quería que estuviese en un lugar en que no lo viera tanto (para no cansarme de él), pero que estuviese a mi alcance para poder mirarlo cuando me hiciera falta (o sea, en la espalda estaba descartadísimo, porque si me agarraba pánico en el colectivo no sé cómo iba a hacer para verlo 😛 ). Lo tengo en el antebrazo izquierdo, del lado de afuera. Y creo que lo tengo en el lugar perfecto, porque hubo gente que me lo vio un año después… o sea, ni yo ni los demás lo vemos siempre.

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R de Recaída

Para los que recién llegan a mi blog les cuento que padezco de agorafobia y fobia social (para leer sobre ello clic aquí). Tengo momentos buenos y momentos malos, claro. Cuando las cosas transcurren con normalidad, me sorprendo y me pongo feliz… ahora, cuando no es así, cuando tengo una recaída: decaigo.

Como dije en alguno de los textos hacía tiempo que no tenía el síntoma (a veces siento alguna ‘leve molestia’, cosa que puedo controlar y tolerar). Bueno, ayer lo tuve. Bah, el jueves (mientras escribo esto es viernes, pero lo publicaré el sábado… así que todo lo que sigue a continuación son pensamientos y sentimientos del día de ayer).

Con mi novio decidimos ir a un shopping en Buenos Aires, el Dot, ya que era feriado y él no trabajaba. Hace tiempo que queríamos ir a algún shopping porque fuimos a un par en Rosario el año pasado y nos volvimos locos de felicidad con los precios que encontramos.

Pero no todo fue de color rosa (?)…

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C de Cambios y avances – Agorafobia – (sobre)vivir con ella [parte III]

>>> Actualizado – Nueva información al final de la publicación <<<

¡Hola a todos! Acá les dejo la última parte de mi experiencia (sobre)viviendo con agorafobia. En la letra A, les conté sobre mis antecedentes y en la B comencé a escribir sobre cuándo comenzó todo y el tratamiento. Hoy vengo a contarles los cambios, retrocesos y avances que tuve mientras me enfrentaba (y enfrento) a mi ansiedad.

Cuando empecé con los síntomas, sólo salía si me llevaba mi padre en su auto. Así que, empecé a dejar materias de la facu, porque iba sólo a las que me podía llevar. A todos los lugares a los que iba si me llevaban no la pasaba tan mal. Hasta que en noviembre de 2008 me llevaron a la República de los Niños, a ver la Expoflor… la pasé fatal. Ahí dejé de ir a eventos sociales (o sea, cumpleaños, bodas, bautismos o cualquier fiesta familiar, sí iba. Ahora, lo que serían ferias, exposiciones, conciertos y cosas así, prefería tenerlas lejos). A la Repu volví a ir el año pasado, 2014, para ir a la Expoflor también. Y la pasé bien. De hecho, fui dos días a la expo.

Después empecé a viajar en remises, jamás en micro. Ni hablar de caminar sola por la calle. Después fui haciendo pruebas como viajar en micro con alguien (mi madre, obvio) para después viajar sola (Karina atendía en la ciudad de La Plata y mi novio –el actual, no el pelotudo del texto anterior- vivía allá también, así que o viajaba 45 minutos en micro o tenía un alto presupuesto en remises).

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B de Bis – Agorafobia – (sobre)vivir con ella [parte II]

¡Hola, mundo!

Hoy vengo con el segundo día del desafío Días de Abecedario. Uso la B para repetir el tema anterior, ya que se hizo largo y no quería que se extendiera tanto el texto.

Con la ‘A de Agorafobia’ les conté un poco acerca una etapa previa a la agorafobia que, en realidad, está relacionada… todo es ANSIEDAD. Ansiedad que en el año 2008 (en el 2006 me había dado el alta la psiquiatra de la publicación anterior) se manifestó de otro modo.

Algo que me olvidé de aclarar en la publicación anterior es que nunca tuve miedo de morir, nunca pensé que me iba a morir teniendo esas crisis de pánico. Es como que siempre fui consciente (y lo soy, hace años que no me pasa, pero supongo que si me ocurre seguiría siendo consciente) de que sólo tenía que volver a respirar y ya.

Volviendo a la agorafobia…

Primeros días

En abril de 2008 empecé a descomponerme viajando en micro (sí, soy platense, y como saben les decimos micro al colectivo de línea) hacia la facultad. Generalmente me pasaba unas cuadras antes de bajarme. Y, encima, cuando me bajaba tenía que caminar unas 12 cuadras. Los primeros días llegué como pude a la facu (y una vez ahí se me pasaba la descompostura – bah, no recuerdo haberme ido ni haber sufrido estando en clase, así que supongo que se me pasaba). Hasta que un día no llegué, y me metí en un quiosco a pedir ayuda.

Sinceramente, no me acuerdo con claridad de ese día. Recuerdo pedirle al quiosquero que me preste el baño entre lágrimas. Creo que llamé por teléfono a una amiga/compañera de facultad (M.) y después fui para la facu. No sé si se me están mezclando los días, pero creo que fui a la facu, le avisé a M. que estaba en el baño, ella salió de la clase y fue a buscarme (y si no fue ese día, fue otro, pero M. fue al rescate en algún momento :P).

Desde entonces, cada día que salía de mi casa, me pasaba esto de sentirme mal. De hecho, estuve un mes en mi casa, en pijamas (en comparación con otros, un mes es re poco tiempo, pero de todas formas es un horror vivir así durante una semana, un mes o el tiempo que sea).

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